La fotografía como evidencia. La representación gráfica y la construcción de la memoria colectiva del Holocausto
la fotografía como evidencia
  la fotografía clandestina
  liberación de los campos
   
   

Diferentes fotógrafos. Diferentes perspectivas

Introducción

Alemania produjo algunas de las primeras y más influyentes teorías sobre las imágenes fotográficas, como el trabajo de Kracauer y Benjamin. Los manuales alemanes sobre pedagogía ofrecen atentas directrices para el uso y crítica de las imágenes históricas en la educación secundaria. Así, esas iniciativas hasta recientemente no han producido un impacto significativo en la corriente principal de la investigación histórica.

Sybil Milton ha mostrado que la documentación fotográfica anterior a la liberación de los campos fue proporcionada por un amplio espectro de individuos: miembros de la ilegalidad, fugados de los campos, soldados del frente que tomaron imágenes como una forma de souvenir, los fotógrafos alemanes que servían en las Propagandakompanien, etc., todos ellos produjeron una gran cantidad de fotografías. La existencia de estos archivos marca aún otro problema alrededor de las primeras fotos tomadas, en las que la identidad de los fotógrafos y las circunstancias de las mismas, ambos elementos totalmente cruciales, quedan sin respuesta.

Desde el punto de vista de Sybil Milton, numerosos temas cruciales sobre la identidad de los fotógrafos y las circunstancias de las fotografías permanecen poco claros. ¿Quién tomó una determinada fotografía y bajo qué circunstancias? ¿Era un paseante neutral, un nazi que fotografiaba a sus víctimas, un luchador de la resistencia o un liberador? ¿Y cuál es el propósito que tenía en el momento de tomar su imagen? ¿Era archivar, burlarse, recordar, explotar, era un mero accidente o era representante de una pauta mayor de violencia? Cada una de estas cuestiones, ninguna de las cuales tiene respuestas correctas, planea sobre esas fotografías.

Las imágenes oscilan entre el registro factual y la interpretación personal; representan una compleja mezcla de lo que el fotógrafo quería registrar y lo que la cámara ha conseguido capturar. Aunque ambiguas, estas fotos pueden ayudarnos, si no a entender, al menos a recordar, uno de los capítulos más críticos de la historia del siglo XX.

Se ha buscado información sistemática sobre la identidad de los fotógrafos: nazis, judíos, neutrales, liberadores Aliados; la fecha, localización y circunstancias de la fotografía, si es posible con la secuencia de imágenes y el contexto del conjunto; la función de la fotografía: noticiarios, fotoperiodismo, propaganda, fotografías amateurs, y si la fotografía estaba hecha con la intención de publicarse o uso privado; la relación entre la cámara y el tema: si los individuos cooperaron, fueron obligados o no sabían que se les estaba fotografiando, y si la escena era una pose, se escenificaba, etc.

Es importante recordar que la cámara no es un objeto neutral, incluso en los documentales y en las fotografías de propaganda de guerra. Aunque las fotografías no pueden ser compuestas después del hecho, existe bastante libertad de acción en la cámara oscura para retocar las impresiones, recortar las imágenes y manipular los tonos y detalles. Además, tanto la autocensura como las directrices oficiales afectaban a todos los encargos y a la fotografía amateur de la Segunda Guerra Mundial. Los fotógrafos de prensa raramente mostraban atrocidades y pocas veces publicaban imágenes desfavorables a su propio bando.

El desequilibrio fotográfico entre perpetradores y víctimas ha puesto el testimonio visual de las víctimas en una desventaja distinta. Aún creyendo en la habilidad superior de las fotografías para explicar la “verdad” sobre los crímenes nazis, los periódicos y revistas han preferido repetidamente ilustrar sus artículos con fotografías tomadas por las SS más que con dibujos de presos artistas anónimos. Es irónico, sin embargo, el hecho de que las fotografías de las SS fuesen usadas tras la guerra en juicios como evidencia de las atrocidades nazis y han sido, por tanto, expuestas en museos y publicadas en libros de historia para condenar los crímenes nazis.

Debemos recordar que cualquier cosa que el fotógrafo sintiese mientras tomaba sus fotografías es comparativamente irrelevante desde el punto de vista del actual contenido. El reportaje del ghetto de Varsovia representa un documento indeleble e inagotable sobre el crimen del Holocausto, incluso si el fotógrafo fracasó a la hora de reconocer que estaban atestiguando un crimen, y que ellos mismos eran parte del complejo estado y aparato militar que lo estaba cometiendo.

No todas las fotografías fueron tomadas clandestinamente. Según se desprende de las fotografías existentes, algunos fotógrafos no sólo tenían acceso sin restricciones a los crímenes, sino que también tenían las habilidades necesarias para producir una secuencia narrativa de imágenes. Las imágenes mostraban una redada, hombres esperando a ser ejecutados, cuerpos tirados alrededor de las calles y los cuerpos apilados en plazas públicas. El porqué estas y otros registros fotográficos detallados de las ejecuciones fueron tomadas no se sabe. Podría ser un intento de que sirviesen como evidencia de que las órdenes estaban siendo llevadas a cabo con eficiencia, para completar un informe escrito o como un registro personal.

 

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