El Holocausto de los gitanos
El Gran Devorador
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El Gran Devorador: de la exclusión social al Porrajmos.
El Holocausto de los gitanos durante el Tercer Reich (1933-1945)


La nueva política antigitana: la persecución nazi

La investigación racial

El moderno racismo biológico apareció en el último tercio del siglo XIX. Su elemento central era la organización y tratamiento de los diversos grupos humanos, analizando las diversidades que se daban entre ellos. Las nuevas “enseñanzas” ideológicas y raciales no sólo encontraron su lugar en los círculos académicos y las universidades, sino también en el pensamiento de los ciudadanos y la sociedad.

Después de la Primera Guerra Mundial los científicos raciales alemanes entrelazaron la herencia con la enfermedad, el crimen y el comportamiento asocial, abogando por la limitación en la reproducción de aquellos que se consideraban inferiores. Estos seguidores de la “higiene racial” proporcionaron la infraestructura intelectual para las Leyes de Nürnberg y el genocidio, proporcionando a la burocracia nazi una justificación científica para la exclusión y asesinato de los gitanos. La antropología racial complementó la nueva ciencia criminalista y proporcionó a la policía herramientas de control social. Antropólogos, genetistas, demógrafos, estadísticos, etc., utilizando los estereotipos biológicos y culturales avanzados por etnólogos, eugenistas y médicos a comienzos del siglo XX, permitieron probar la superioridad de los europeos caucásicos, por encima de las razas no europeas, y percibieron a los gitanos como un problema, debido a los peligros de la mezcla de razas.

En la década anterior a la llegada de Hitler al poder, esos teóricos pusieron los fundamentos y crearon a los “especialistas”, que describían a los gitanos itinerantes como una “cobertura para su comportamiento asocial”. Todos los gitanos debían ser englobados en una clasificación, como una entidad “racial” con características antisociales y criminales.

Durante el primer tercio del siglo XX aparecieron dos discursos en la política de los Estados europeos en referencia a los gitanos. El concepto educativo veía a los gitanos como inferiores a los que, con el respaldo adecuado, se podía transformar, mediante la intervención sociopolítica. El segundo discurso señalaba que cualquier intento de educarlos era un sinsentido, debido a la naturaleza inmutable de su carácter. Aunque se dieron algunos intentos por aplicar el primer discurso, las tendencias racistas adoptaron el segundo, señalando que la “inferioridad” de los gitanos debía ser atribuida a un “destino genético” inalterable. Robert Ritter, por ejemplo, consideraba que los gitanos eran “primitivos típicos” cuyo “carácter racial” no podía ser transformado mediante influencias ambientales o la educación en su entorno. Aunque esta visión estaba basada en los clichés más usuales sobre los gitanos, su predominio marcó un cambio conceptual significativo.

Con la llegada del Nacionalsocialismo, la ideología racial se convirtió en la única ley, manteniéndose en el centro de todas las decisiones, apoyándose en el derecho y el Estado, a pesar de los cambios tácticos y las adaptaciones que se llevaron a cabo. La finalidad era la creación de una nueva sociedad, basada en conceptos raciales, hasta conseguir un “Nuevo Orden” bajo dominio ario. Se sirvieron de determinados aspectos de la ciencia para mantener su ideología racial como un elemento de legalidad, destinada a aislar a determinados grupos sociales.

El adoctrinamiento de la población era un aspecto central del sistema. Miles de colaboradores eran utilizados por el aparato de propaganda de Goebbels para controlar a la opinión pública y la vida cultural. Los medios de comunicación de masas se convirtieron en instrumentos centrales de la campaña de propaganda. La imagen que presentaba la propaganda estaba dirigida a crear un clima social en el que las deportaciones fuesen realizadas sin protestas ni oposición por parte de la población: su criminalización permitiría que las medidas de persecución fuesen consideradas adecuadas y aceptadas por la población, permitiendo también una mejor colaboración con la administración; la deshumanización de los grupos perseguidos (como parásitos o alimañas) evitaba planteamientos morales. La ideología racial también se abrió paso en los planes de enseñanza y en los libros escolares.

“En Alemania hay en la actualidad aproximadamente 6.000 gitanos de raza y unos 12.000 gitanos mestizos. Naturalmente, nuestras leyes para la protección de la raza también se refieren a los gitanos, porque ellos no son “alemanes de sangre”, sino razas extranjeras que viven aquí (…). Para la totalidad del pueblo alemán que está bajo la influencia decisiva de la raza nórdica, con componentes raciales propios, se aplica la expresión ‘ario’. De origen no ario es también una persona que procede de otro origen racial extranjero. Como extranjero, además de los judíos, se consideran todas las razas de los continentes no europeos, así como los gitanos. El origen ario es una condición de todos los funcionarios (ley del 7 de abril de 1933), abogados, notarios, farmacéuticos, doctores, dentistas y técnicos dentales del seguro médico; para el servicio en las fuerzas armadas, el servicio de trabajo y el NSDAP” (Extraído del libro escolar Biologie-Schulbuch "Das Leben" für die 5. Klasse, 1942).

Los científicos raciales señalaban los paralelismos entre los gitanos y los judíos, señalando que “judíos y gitanos están, actualmente, muy separados de nosotros, debido a que sus ancestros asiáticos son completamente diferentes de los nuestros nórdicos, en términos de raza”. Sin embargo, no eran considerados una amenaza tan grande como los judíos, gracias a su reducido número, junto a su inferioridad intelectual y su estilo de vida asocial, que evitaba su entrada en la clase racial superior, como habían hecho los judíos. “Ratas, chinches y pulgas son también fenómenos naturales, igual que los judíos y los gitanos (…). Toda la vida es una batalla. Por lo tanto, debemos eliminar todos estos daños biológicos gradualmente, y por eso hoy han cambiado las condiciones de vida por la detención preventiva y las leyes de esterilización, tan fundamentalmente que todos estos enemigos de nuestro pueblo serán ciertamente eliminados” (Zeitschrift des Deutschen Ärztebundes, 1938).

En 1936, el poder policial en Alemania quedó centralizado bajo el mando de Himmler, como Reichsführer SS y Jefe de la Policía. Por tanto, también quedaron centralizadas las políticas policiales sobre los gitanos. De todos los científicos raciales relacionados con los gitanos, el Dr. Robert Ritter jugó un papel decisivo a la hora de proporcionar justificación “científica” al Nacionalsocialismo para aislar a la población gitana. Bajo su dirección fue creado el “Centro de investigación para las ciencias genéticas”, integrado en el Ministerio del Interior, en 1936, que desde 1937 fue conocido como el “Centro de investigación para la higiene racial y biología de la población”, en el Ministerio de Salud. Una de las primeras decisiones de esta agencia fue aplicar las medidas legales raciales a los gitanos.

Ritter, nacido en 1901, luchó en los Cuerpos Francos en 1921, en la Alemania oriental y colaboró con diferentes grupos juveniles nacionalistas. Estudió en diversas universidades y en 1927 consiguió su doctorado en psicología y dio clases en la Universidad de Munich. Al mismo tiempo, consiguió su licenciatura en medicina, gracias a sus estudios sobre psicología infantil, y en 1930 se doctoró en Heidelberg; en 1934 completaba su especialización en psicología infantil. Tras períodos de interno en hospitales de París, Zúrich y Berlín, como parte del equipo médico de la clínica psiquiátrica de la Universidad de Tubingen, obtuvo su calificación práctica en 1936.

Durante estos años, se encargó principalmente de problemas relacionados con los jóvenes antisociales, y se convirtió en un prestigioso experto, gracias a la publicación de un estudio que analizaba diez generaciones de familias consideradas conflictivas. Se basaba en el concepto de que el comportamiento criminal está genéticamente determinado. Estas nociones eran características de los paradigmas racistas que se habían convertido en política de Estado en la Alemania nazi. Pero en el mundo científico, Ritter no estaba sólo en sus planteamientos sobre los gitanos. Similares, aunque menos ambiciosos fueron los esfuerzos realizados por las universidades de Frankfurt am Main, Münster, Berlín, Munich, Viena o Königsberg.

Ya en 1935, Ritter había atacado a los gitanos en un congreso internacional, en Berlín, citando su “Estudio sobre experimentos genéticos dentro de un círculo reproductivo de gitanos de media casta y psicópatas asociales”, y reclamaba la esterilización forzosa de los miembros de este grupo social. Ritter señalaba que el hecho de nacer como un “gitano nativo” era la causa del comportamiento asocial y criminal. Esta idea fue científicamente adoptada, y se convirtió en un elemento clave dentro de la teoría racial sobre los gitanos.

Entre 1936 y 1941, Ritter y un pequeño grupo de estudiantes y colaboradores llevaron a cabo una investigación eugenésica, basada en las historias familiares de delincuentes, especialmente de razas alienas y su descendencia híbrida. En colaboración con el RSHA elaboraron detallados estudios genealógicos que dieron como resultado más de 24.000 actas raciales de gitanos (Rassegutachten), con miles de fotos. Estas actas se convirtieron en elementos esenciales para la planificación y puesta en práctica del genocidio, porque permitieron la clasificación y control de esa comunidad.

Ritter consideraba que era necesario recopilar un inventario del conjunto de la población gitana de Alemania, un prerrequisito necesario para solventar el problema. A partir de 1937, Ritter y sus colaboradores comenzaron a entrevistar a todos los gitanos, viajando a los campamentos y, tras el internamiento y deportación, a los campos de concentración. A partir de esas entrevistas, Ritter desarrolló historiales familiares exhaustivos para distinguir a los gitanos “puros” de aquellos de “sangre mezclada” y extraer a los asimilados del núcleo de la población. Considerando que cualquiera que tuviese sangre contaminada era un peligro para la comunidad, Ritter clasificó a los gitanos “parciales” como alguien con uno o dos abuelos gitanos, o dos o más abuelos gitanos “parciales”; es decir, con al menos una octava parte de sangre gitana. Los criterios para la clasificación como gitano fueron dos veces más estrictos que los aplicados a los judíos. Si se hubiesen aplicado los criterios judíos, según Kenrick y Puxon, aproximadamente 20.000 gitanos hubiesen escapado a su destino en los campos de concentración. También se analizaban las familias que se habían expandido mediante el matrimonio con miembros del grupo no gitanos, estudiando la salud física, los informes criminales y la posición social de cada miembro.

“Debíamos sentarnos uno tras otro en una silla en la que el Dr. Ritter comparaba los ojos de los niños y los interrogaba; sus colaboradores debían anotarlo todo. Debíamos abrir la boca y debían medirnos, con un extraño instrumento, toda nuestra faringe, después la base de la nariz, la amplitud de los ojos, el color de los ojos, las orejas por dentro y por fuera, el cuello, las manos –todo lo que podía ser medido-”.

Para que el trabajo fuese más sencillo, Himmler ordenó que la oficina principal se trasladase desde el Cuartel General de la policía de Munich, que había procesado más de 19.000 individuos y familias gitanas, al Departamento de Policía de Berlín. De este modo, el trabajo quedaba mucho más centralizado. La oficina de Munich se convirtió en el “Centro nacional para el combate del desorden gitano”.

Como hicieron otros higienistas, Ritter dirigió su ataque principal contra los “gitanos mixtos”, una categoría en la que incluía a más del 90% de las personas consideradas como gitanos. Sus sugerencias para la “solución final” de este problema, como reflejó en numerosos artículos y libros, pasaba por dispersar a los gitanos en diferentes tipos de campos, separados por sexos, las parejas mixtas debían ser esterilizadas, etc. Ritter declaró que esa desviación y las tendencias nómadas eran de naturaleza hereditaria, a pesar de que su investigación revelaba unos datos que, a menudo, eran contradictorios.

En 1938-1939, la obsesión racial nazi por los gitanos se convirtió en algo tan agresivo como la campaña contra los judíos. Las publicaciones policiales y académicas estaban llenas de artículos y polémicas contra los gitanos. En diciembre de 1938, Himmler declaraba:

“El tratamiento de la cuestión gitana es parte de la tarea nacionalsocialista de regeneración nacional. Sólo puede conseguirse una solución si se observan las perspectivas filosóficas del Nacionalsocialismo. Aunque el principio de que la nación alemana respeta la identidad nacional de los pueblos externos está también asumido en el combate del fastidio gitano, sin embargo, el ánimo de las medidas tomadas por el Estado para defender la homogeneidad de la nación alemana debe ser la separación física de lo gitano de la nación alemana, la prevención de la degeneración y, finalmente, la regulación de la forma de vida de los gitanos puros y parciales. La base legal necesaria sólo puede ser creada a través de una Ley Gitana, que prevenga posteriores mezclas de sangre, y que regule todas las demás cuestiones que van unidas con la existencia de gitanos en el espacio vital de la nación alemana” (Citado en BURLEIGH, M., WIPPERMAN, W., The Racial State: Germany 1933-1945, New Cork, 1991, págs. 120-121).

En diciembre de 1938, Himmler nombró a Ritter responsable del “instituto de investigación de higiene racial”, para controlar a todos los gitanos del Reich. Los diferentes puestos de trabajo, con el apoyo de la organización policial y de la Iglesia, llevaron a cabo investigaciones y solicitaban informaciones sobre los individuos, sus relaciones, etc. Un decreto de las SS, de ese mismo mes, establecía que todas las personas sin un domicilio fijo, como son los gitanos, debían informar a la policía y ser analizadas racialmente. Una segunda prescripción, de diciembre de 1939, les prohibía abandonar su lugar de residencia. De este modo se podían enviar equipos para documentar y registrar a los gitanos. Aquellos que no colaboraban voluntariamente eran amenazados con la esterilización o el internamiento en un campo de concentración. Desde 1939, el Instituto quedó directamente subordinado al RSHA, Departamento V, Policía Criminal, cuyo responsable era el SS-Oberführer Arthur Nebe.

La recogida de todas estas informaciones llevó al control de unos 28.000 gitanos en Alemania (incluyendo Austria y los Sudetes), entre 1938 y 1942. Para esa fecha, 19.000 habían sido “racialmente evaluados”: apenas 1.079 eran de “pura raza” (descendencia plenamente gitana); el 90% restante fueron clasificados como mixtos; 1.800 fueron considerados no alemanes, con características comunes con los judíos; y los gitanos austriacos del Burgenland fueron considerados como “población mixta”. Ritter describió a estos “gitanos parciales” como “portadores de material genético menos valioso, extremadamente inestables, sin carácter, impredecibles, indignos de confianza, difíciles”, etc. La descripción de estos supuestos peligros se convirtió en la sentencia de muerte para miles de personas.

En 1940, Ritter publicó un informe en el que señalaba que los resultados de su investigación le habían permitido caracterizar a los gitanos como personas enteramente primitivas en sus orígenes etnológicos, cuyo retraso mental los hacía incapaces de una adaptación social real. Los gitanos mixtos eran descritos como “los productos de acoplamientos con el subproletariado criminal asocial alemán”. La cuestión gitana sólo podría solventarse, por tanto, cuando el núcleo principal de asociales y gitanos mixtos fuese internado en campos de trabajo y cuando se frenase la reproducción de esta población, permanentemente. De este modo, se convertía en un firme defensor de la solución más radical de la “cuestión gitana”: según Ritter, los gitanos ni podían ni debían formar parte de la comunidad popular alemana, sino que debían ser esterilizados, para desaparecer como raza. Eran una polución racial que podía llevar a la degeneración del pueblo alemán.

En 1941 Ritter fue nombrado director del Instituto de Biología Criminal de la Policía de Seguridad, de modo que se producía la unión institucional de ese puesto con el RSHA y las SS, que hasta aquellos momentos había sido meramente formal.

Los colaboradores de Ritter incluían al antropólogo Dr. Adolf Würth, la zoóloga y antropóloga Dra. Sophie Ehrhardt, la bióloga Sophie Hidermart y la antropóloga Dra. Eva Justin. La ayudante más estrecha de Ritter fue Eva Justin, una enfermera que recibió un doctorado en antropología en 1943 (aunque no había realizado los cursos universitarios), basado en su investigación con niños gitanos que eran mantenidos separados de sus familias; a la conclusión de sus estudios, los niños fueron deportados a Auschwitz. Tras la guerra fue empleada como trabajadora social y nunca fue investigada. En su tratado sobre los gitanos, expresaba el deseo de que su investigación permitiera evitar posteriores flujos de esos elementos primitivos e innobles en la nación alemana.

Tanto en Alemania como en Austria, hasta 1942, las medidas fueron principalmente dirigidas contra los gitanos mixtos. A partir de ese momento, se eliminó la distinción y fueron todos sometidos al mismo trato. En 1942-1943, cuando se estaban produciendo la mayor parte de las deportaciones desde el Reich, también se eliminaron las distinciones de trato entre gitanos y judíos. Además, también fue el período en el que se inició la radicalización definitiva de la persecución de los gitanos, especialmente a partir de la publicación del “Decreto Auschwitz”.

Desde finales de 1944 hasta 1946, Ritter dio clases de biología criminal en la Universidad de Tubingen. Después de la guerra, no sufrió ningún proceso judicial ni depuración, aunque se inició una acusación que no llegó a materializarse. En 1947 fue nombrado Consejero Médico Superior en la asistencia social para jóvenes de la ciudad de Frankfurt (empleando a Eva Justin como psicóloga), cargo que perdió en 1949, debido al inicio de una nueva investigación sobre sus actividades durante la guerra. Las investigaciones se cerraron, en 1951, con su suicidio.

La Dra. Sophie Ehrhardt entró en la facultad de antropología de la Universidad de Tübingen en 1942, y continuó utilizando los datos de Ritter en sus investigaciones de posguerra. El Dr. Adolf Würth sirvió en la Oficina de Estadísticas de Baden-Württemberg, hasta 1970. En 1938, Würth escribió:

“La cuestión gitana es, actualmente, una cuestión, por encima de todo, racial. La cuestión Roma debe ser tratada, básicamente, de la misma forma en la que el Estado nacionalsocialista ha resuelto la cuestión judía. Se ha llevado a cabo un comienzo. De acuerdo con las Leyes de Nürnberg, judíos y romanís están al mismo nivel en referencia a la prohibición de matrimonios. Así, no podrán estar ni con sangre alemana ni se relacionan con sangre alemana” (WÜRTH, Adolf, „Bemerkungen zur Zigeunerfrage und Zigeunerforschung in Deutschland“, en Verhandlungen der Deutschen Gesellschaft für Rassenforschung, núm. 9, 1938, págs. 95-98).

       
     
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
     
     
     
     
     
     
     
     
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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