El Holocausto de los gitanos
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El Gran Devorador: de la exclusión social al Porrajmos.
El Holocausto de los gitanos durante el Tercer Reich (1933-1945)


La nueva política antigitana: la persecución nazi

La nueva legislación antigitana

Cuando Hitler llegó al poder, las leyes represoras de los gitanos se mantuvieron en vigor. Pero pronto el régimen comenzó a introducir otra normativa, desde el momento en que comenzaron a imponer su nueva visión de la jerarquía racial en Alemania. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos de Himmler para regular esta cuestión, el régimen nunca llegó a preparar una “ley gitana”. La burocracia se adaptó rápidamente y comenzó la aplicación de la legislación racial, a través de las leyes de los Estados federales, que se habían endurecido durante el Segundo Imperio y la República, y que permitían los arrestos arbitrarios y preventivos, el registro domiciliario, etc.; alegando medidas de seguridad interna, comenzaron a aplicarse medidas como la expulsión de los gitanos apátridas y extranjeros, precursoras de las expulsiones de muchos grupos raciales calificados de “indeseables”.

El 18 de marzo de 1933, el “Acuerdo interestatal cooperativo para combatir la plaga gitana”, incorporó y amplió la Ley bávara de 1926 y su aplicación prusiana de 1927, que había clasificado a los gitanos como criminales habituales, inadaptados sociales y vagabundos. Este acuerdo incluía aspectos que restringían las renovaciones de licencias para comerciantes itinerantes, incrementando la pobreza y desempleo en unos momentos en que la asistencia social municipal se había reducido drásticamente durante la Depresión. Además, restringía la libertad de viajar sólo por rutas preestablecidas por la policía y permitía internar a los gitanos desempleados en un taller o un campo de trabajos forzosos. La anterior red de decretos regionales proporcionó la base para la radicalización de las medidas contra los gitanos. Aunque los estados federales perdieron su autonomía, fueron mantenidos como unidades administrativas y pudieron aplicar políticas por su propia iniciativa.

En mayo de 1933 se introdujo la normativa que legalizaba la esterilización eugenésica en determinados supuestos relacionados con la asociabilidad. En julio, se aprobó la “Ley para la prevención de enfermedades hereditarias”, contra las “vidas indignas de ser vividas”, que ordenaba la esterilización, incluso contra su voluntad, de determinadas categorías de personas, específicamente gitanos (medio-gitanos y gitanos en matrimonios mixtos; las consideraciones sobre este grupo fueron muy similares a las que se mantuvieron en el caso de los judíos Mischlinge) y alemanes de color. También afectaba a los judíos, disminuidos y otras personas consideradas como asociales. En abril de 1933 se aprobó la “Ley contra criminales habituales peligrosos”, gracias a la cual la policía arrestó, en noviembre, a un gran número de gitanos, junto a otros grupos considerados asociales, que fueron internados en los primeros campos de concentración. En marzo de 1934, la “Ley para la revocación de la ciudadanía” fue aplicada contra los gitanos que no podían probar que habían nacido en Alemania, y contra los “judíos orientales”, que constituían cerca del 20% de todos los judíos de Alemania en 1933. En 1935, los representantes alemanes en la reunión internacional de fuerzas de policía en Copenhague, sugirieron que los “gitanos incorregibles” pudiesen quedar sujetos a esterilización forzosa.

Al contrario que los judíos, los gitanos no fueron específicamente identificados ni en las Leyes de Nürnberg ni en el cuerpo legal discriminatorio que se desarrolló con el antisemitismo. Pero los comentarios e interpretaciones de las mismas hicieron que quedasen incluidos, junto a judíos y “negros”. Por tanto, el matrimonio con arios quedaba prohibido. También sirvieron de base para privar a los gitanos de sus derechos civiles: la Ley de Ciudadanía Nacional relegaba a judíos y gitanos al estatus de residentes de segunda clase. A pesar de no ser explícitamente citados en estas leyes, la comparación entre ambos colectivos era constante: por ejemplo, en sus comentarios de 1937, Wolfgang Schäffer solicitaba que no sólo los judíos fueran objeto de las mismas, sino también “negros, gitanos y bastardos”.

La ley del 18 de octubre de 1935, referida a los matrimonios mixtos, tuvo amplias repercusiones. Todos los matrimonios requerían permiso de los departamentos de salud, y antes cada persona debía obtener un certificado señalando que sus orígenes eran genéticamente adecuados. Los matrimonios que fuesen en detrimento de la salud hereditaria de la nación quedaron prohibidos. Los grupos excluidos eran cada vez más amplios, y también se veían afectados por las medidas de esterilización: el objetivo final del sistema era un registro de la población que proporcionase información eugenésica sobre todos los individuos. En noviembre, la Oficina Central de Registro del Reich hizo circular una orden a las oficinas de estadísticas vitales, prohibiendo los matrimonios mixtos, específicamente entre alemanes y gitanos, personas negras y su “descendencia bastarda”.

En la creciente escalada de regulaciones referidas a las Leyes de Nürnberg, en enero de 1936, el Ministro del Interior del Reich Wilhelm Frick ordenó a las autoridades estatales su aplicación a los gitanos. La creencia de que “sólo los gitanos y los judíos pertenecen a las razas alienas de Europa” se convirtió en un elemento de gran importancia en la legislación (Reichs- und Preussisches Ministerium des Innern, vertrauliche Ausführungsverordnung des Blutschutzgesetzes betr. Eheschliessungen und „artfremden Blutes“, 3. Jan. 1936, N. I B, 1 B 3 429). En marzo de ese año, un informe preparado por el Secretario de Estado Hans Pfundtner, del Ministerio del Interior del Reich, contenía las primeras referencias a la preparación de una “ley gitana” (Reichszigeunergesetz), y a las dificultades de conseguir una “solución final del problema gitano, a un nivel nacional o internacional”. Las recomendaciones incluían la expulsión de los gitanos apátridas y extranjeros, restricciones a la libertad de movimientos, eliminación de las licencias de comercio, incremento de la vigilancia policial, esterilización forzosa de gitanos en matrimonios mixtos, registro de los gitanos del Reich y confinamiento en centros especiales.

En 1936, por impulso de las autoridades policiales alemanas, se creó en Viena un “centro internacional contra el desorden gitano”, dependiente de la Interpol.

La “Ley de registro del Reich”, de enero de 1938, obligaba a que todos los residentes en Alemania (incluyendo a los extranjeros) informasen sobre cualquier cambio de domicilio a la policía local. Hacia 1941, esta estipulación se había extendido también a Austria, Sudetenland y los territorios anexionados de Polonia. El propósito explícito de este registro de residentes era mantener el control social y conocer la composición racial exacta de la población del Reich; en la actualidad, los ciudadanos alemanes están acostumbrados a informar de su residencia y otros datos personales a la policía local, pero pocos comprenden que esta obligación es un legado del régimen nazi (MILTON, Sybil H., “’Gypsies’ as Social Outsiders in Nazi Germany”, pág. 220).

En un decreto de diciembre de 1938, Himmler recomendaba la “resolución de la cuestión gitana basada en su naturaleza esencialmente racial” y ordenaba que todos los gitanos del Reich mayores de seis años debían clasificarse como gitanos, gitanos mixtos y personas nómadas de comportamiento gitano (Runderlass des Reichsführers SS und Chefs der Deutschen Polizei im Reichsministerium des Innern vom 8. Dez. 1938, üb. Bekämpfung der Zigeunerplage“, in Ministerialblatt des Reichs- und Preussischen Ministers des Innern, Jg. 99, Nr. 51, SS. 2105-2110). Las directrices de aplicación, publicadas a comienzos de 1939, estipulaban que era la Policía Criminal la responsable de estas medidas. También se requería el completo y sistemático registro residencial y genealógico por la policía local y las autoridades de salud pública, y fichas fotográficas para todos los gitanos y gitanos parciales. La aplicación de este decreto llevó, por ejemplo, a la purga de docenas de músicos gitanos de la Cámara de Música del Reich.

Con el inicio de la guerra, y con el RSHA como instancia central de la política racial, se mostró una fuerte orientación a la “solución final” de la cuestión gitana. Los primeros pasos fueron la concentración de todos aquellos que, hasta aquellos momentos, habían mantenido una vida nómada por el Reich (BA, RD 19/28-15, Vorbeugende Verbrechensbekämpfung, Schnellbrief des Reichssicherheitshauptamts, Festsetzungserlass, v. 17. Okt. 1939). El proceso de persecución entró en una nueva fase, mucho más radicalizada, a partir del inicio de la deportación de todos los judíos y gitanos que vivían en el Reich hacia las zonas ocupadas de Polonia (PERITORE, Silvio, “Von der Ausgrenzung bis zur Vernichtung“, pág. 1122).

       
     
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
     
     
     
     
     
     
     
     
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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