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memoriales y monumentos
Los memoriales en Noruega
   
Monumento por los Judíos asesinados de Trondheim y el Norte de Noruega
Centro de Estudios sobre el Holocausto y Minorías Religiosas en Noruega
Museo del antiguo campo de detención de la Policía y SS Grini
Memorial y Centro de Derechos Humanos de Falstad
Monumento del Campo de Internamiento de Berg
   
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Los memoriales y la conmemoración en Noruega


Durante la ocupación alemana de Noruega, entre 1940 y 1945, se crearon aproximadamente 500 campos en su territorio, por el que pasaron unas 150.000 personas durante todo el período. Los presos pueden categorizarse en tres tipos:

- Judíos noruegos.

- Prisioneros políticos noruegos (aproximadamente 44.000), que normalmente eran encarcelados en centros de detención policial (Polizeihäftlingslager), entre ellos Grini, Falstad, Espeland y Kroekebaersletta. Aproximadamente 9.000 noruegos fueron deportados a campos de concentración, principalmente a Sachsenhausen, por donde pasaron unos 2.700 presos.

- Prisioneros de guerra extranjeros, que superaban los 100.000 presos. La mayoría de los campos de prisioneros de guerra estaban en las regiones del Norte de Noruega, la mayoría administrados por las autoridades militares alemanas y algunos por la Organisation Todt. Aproximadamente 13.000 soviéticos y 2.600 yugoslavos fueron ejecutados o murieron por las horribles condiciones de vida de esos campos.

El Holocausto en Noruega

Durante la ocupación nazi en Noruega había 2.173 judíos en el país, de los que 1.643 eran ciudadanos noruegos, 240 eran extranjeros y 290 eran apátridas. Al menos 775 de ellos fueron arrestados, detenidos y/o deportados; 742 fueron asesinados en los campos de concentración, 23 murieron como resultado de ejecuciones extrajudiciales, fueron asesinados o se suicidaron durante la guerra. Además de los pocos que sobrevivieron en los campos, el resto sobrevivió huyendo del país, principalmente a Suecia o al Reino Unido. Unos pocos sobrevivieron en campos en Noruega, en hospitales o en la clandestinidad.

Aunque muchos de los prejuicios contra los judíos que eran habituales en el resto de Europa a comienzos del siglo XX también se daban en Noruega, el Partido Nazi noruego hizo del antisemitismo una parte de su plataforma política en los años 1930, con una virulenta propaganda contra los judíos. Además, esta organización comenzó a recolecta información sobre los judíos noruegos, antes del comienzo de la guerra y se publicaban artículos antisemitas en la prensa.

Después de la invasión alemana, las autoridades noruegas quedaron bajo el mando del Reichskommissar Josef Terboven, incluyendo diversas ramas de la policía noruega, mientras que determinadas ramas de la policía alemana, como la Gestapo y el SD, quedaron integrados como parte de la red policial que sirvió para poner en práctica una política represiva contra la población noruega. Como estrategia principal, el régimen de Terboven intentó utilizar a policías noruegos, y no alemanes, para subyugar a la población civil; aunque la dirección era teóricamente noruega, era el RSHA el que establecía los parámetros de esa persecución.

Para identificar a los judíos noruegos, las autoridades utilizaron información de la policía y del servicio postal; también las sinagogas de Oslo y Trondheim fueron utilizadas, incluyendo los nombres de sus miembros, fecha de nacimiento, profesión, dirección, etc. Toda esta información fue entrecruzada con la procedente de los nazis noruegos y los servicios estadísticos noruegos, hasta que las autoridades tuvieron listados mucho más completos de los judíos residentes en Noruega que en cualquier otro país. A partir de esos listados se llevó a cabo la confiscación y “arianización” de los bienes de los judíos, incluyendo a aquellos que eran sospechosos de tener orígenes judíos.

A partir de 1942 se puso en evidencia la brutal persecución de los judíos de mano del régimen de Terboven. En octubre de ese año se ordenó el arresto de todos los hombres judíos mayores de 15 años y la confiscación de todas sus propiedades. Estos primeros presos fueron enviados al campo de Berg y a Falstad. Poco después se ordenó la detención de las mujeres y los niños judíos, que fueron enviados a Oslo, antes de ser transferidos a Stettin y de allí a Auschwitz. Para noviembre de 1942, todos los judíos en Noruega habían sido deportados, encarcelados, asesinados, habían huido a Suecia o vivían en la clandestinidad.

En este contexto, la culpabilidad moral entre los oficiales de policía y los informantes noruegos es un tema de continua investigación y debate. La discriminación, persecución y deportación de los judíos fue posible por la cooperación de las agencias noruegas, que no siempre fueron obligadas por los nazis noruegos o los ocupantes. Una de las hipótesis para explicar este comportamiento ha sido que la mayoría de los noruegos consideraba que los judíos eran extraños, cuyo destino no concernía directamente a los noruegos.

Los memoriales como centros de conmemoración

En fuerte contraste con el desarrollo de los centros memoriales después de la guerra en los antiguos campos de concentración en muchos países europeos, en el caso noruego sólo se inició la investigación histórica en época reciente, y sólo existió una memoria colectiva noruega marginal.

Por eso, la gran mayoría de los antiguos sitios conmemorativos de los campos de concentración existentes actualmente se han ido deteriorando e integrando en el paisaje que los rodea. Algunas excepciones importantes en este proceso fueron Grini, Falstad, Berg y Espeland, que en 1945 fueron transformados en campos de internamiento para nazis noruegos.

Los años 1990 representaron un cambio, en el nivel de concienciación pública y de debate sobre estos sitios, que se convirtieron en íconos culturales que mediatizaron la memoria de los noruegos y de las víctimas extranjeras, y como centros educativos potenciales. Numerosas instituciones han sido fundadas como sitios memoriales, modelados de forma similar a los alemanes y de otros países, asumiendo como sus principales funciones la educación, investigación y conmemoración.

En el año 2000, las autoridades noruegas establecieron el Memorial y Centro de Derechos Humanos de Falstad; otras autoridades, trabajando dentro de la misma esfera de actividades son el Centro de la Paz del Norte de Noruega, en Narvik, y la Fundación Archivo, localizada en el antiguo cuartel general de la Gestapo en la ciudad de Kristiansand.

La ausencia de sitios en los antiguos campos de concentración como centros de conmemoración en las primeras décadas de la posguerra, no implica una débil tradición de recuerdo de la Segunda Guerra Mundial, porque ningún período de la historia noruega ha tenido un número de memoriales y monumentos similares. Pueden encontrarse en ciudades, pequeñas comunidades, conmemorando hechos y víctimas locales, en universidades, escuelas y cementerios. Los Días de Recuerdo son, especialmente, el 8 de mayo, el Día de la Liberación, y el 17 de mayo, Día Nacional de Noruega. Los símbolos nacionales más importantes de la conmemoración han sido el Monumento Nacional de las Víctimas de la Guerra, en la fortificación de Akershus, en Oslo, la fortificación de Oscarsborg, en el Fiordo de Oslo, el Museo Nacional de la Resistencia en Oslo, y el antiguo sitio de ejecuciones en Akershus.

La familia real, en particular el rey Haakon VII, y el Movimiento de Resistencia, han constituido dos elementos esenciales en la cultura y política oficial de conmemoración en Noruega, desde 1945, y han creado una memoria colectiva mitológica, considerada por los historiadores como un “síndrome nacional de consenso”. Las experiencias traumáticas, como la colaboración con los ocupantes, los voluntarios de las SS, los guardias en los campos de prisioneros de guerra, los participantes en las acciones contra los judíos, etc., fueron excluidas del conjunto de la narrativa nacional que fue construida tras 1945.

La conmemoración del Holocausto

Los monumentos conmemorativos de los judíos noruegos fueron inaugurados en los cementerios judíos de Trondheim y Oslo, en 1947 y 1948 respectivamente. A pesar de estos hechos, hubo una débil tradición pública de recuerdo del Holocausto. Sin embargo, en las últimas décadas podemos apreciar un cambio en la conciencia hacia esa catástrofe, principalmente a través de una diversificación de la educación, de las actividades de investigación y conmemoración, en el nuevo Centro del Holocausto de Oslo.

Además, Noruega ha implantado el 27 de enero como el “Día Internacional de Conmemoración del Holocausto”, que comprende un gran número de actividades en escuelas, museos y memoriales. Por ejemplo, una ceremonia conmemorativa en el Memorial Judío de Oslo, conmemora a los judíos deportados en 1942-1943.

Estos cambios, completados con una creciente participación en nuevas redes de investigación internacional, pueden servir como imágenes de la memoria colectiva noruega que se está desarrollando. La internacionalización de la memoria puede reflejarse no sólo en los medios de comunicación, más centrados en los derechos humanos, la democratización, la tolerancia y la lucha contra el racismo, sino también de forma material, como inauguraciones de nuevos memoriales conmemorando a las víctimas extranjeras de la guerra. Además, un número cada vez mayor de alumnos y de adultos viajan a Auschwitz, donde se llevan a cabo actos de conmemoración, igual que en otros campos de concentración.

Noruega ha tenido que enfrentarse con el hecho de que su definición de la resistencia durante el período bélica excluyó, durante mucho tiempo, a los judíos, y que esa exclusión continuó durante muchas décadas.

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