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memoriales y monumentos
Los memoriales en Austria
 
Memorial del campo de concentración Mauthausen
Memorial del campo de concentración de Ebensee
Memorial de la Shoah en la Judenplatz de Viena
Castillo de Hartheim – Centro de Recuerdo y Educación
Memorial por las víctimas de la tiranía nacionalsocialista
Monumento contra la guerra y el Fascismo de Viena
Memorial del campo de concentración de Gusen
Memorial de Kreuzstadl
Memorial del campo gitano de Lackenbach
Nacionalsocialismo y Holocausto: Recuerdo y Presente
Memorial del campo de concentración de Weyer
Monumento por los luchadores austriacos en España
Memorial del campo de concentración de Loibl
 
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Los memoriales y la conmemoración en Austria


Desde el punto de vista del desarrollo de la memoria histórica, Austria y Alemania deben ser consideradas dentro de un mismo bloque, no porque estén entrelazadas, sino porque mantienen cierto tipo de tradiciones culturales y memorias históricas comunes, y son más las cosas que las unen que no que las separan. Pero al pasar desde Alemania a Austria, pasamos de una cultura memorial auto-consciente a una que se distingue principalmente por su ambivalencia hacia el pasado reciente. Austria no ha acabado de asumir el papel que desarrolló durante el período nazi, y se aferra aún a la idea de la “Austria resistente”.

Aunque tradicionalmente se han presentado como la primera víctima de Hitler, los austriacos nunca tuvieron la audacia de formalizar este claro mito de auto-salvación en un memorial duradero. Pero, debido a la poca población judía que quedó en Austria, nunca ha habido muchas presiones para memoralizar el papel del país en el genocidio.

Esta situación fue abiertamente animada como parte del acuerdo Aliado durante la guerra: en 1943, Austria aceptó tranquilamente el manto del martirio como suyo propio, al ser considerada como la “primera víctima” del Tercer Reich. Para asegurar la neutralidad austriaca en la Guerra Fría, ni los americanos ni los soviéticos querían convertirla en un enemigo beligerante. En 1955, el Tratado de Estado absolvía a Austria de cualquier responsabilidad por la guerra, un elemento que adquirió gran importancia, hasta que se convirtió en uno de los mitos fundacionales de la nación.

Debido a que nunca tuvo que enfrentarse a su pasado, la desaparición de los signos de la ascensión de Hitler, junto a los escombros de la guerra, no fue acompañada por la búsqueda de un “alma nacional” que sí podemos encontrar en Alemania. Austria parece haber asumido sólo los aspectos más dudosos de las dos memorias alemanas: como la RFA se concentra principalmente en la reconstrucción y en las pérdidas propias, cerrando todos los lazos con el pasado nazi; y como la RDA, la posición oficial de que eran la primera víctima de Hitler y que había jugado un papel activo en la resistencia contra Hitler, liberaba a los austriacos de los crímenes cometidos durante la guerra.

Casi inmediatamente después de la guerra, Austria fue proclamada “liberada” del dominio nazi, y comenzó un proceso de desnazificación a gran escala, tanto en los ámbitos culturales como en los topográficos. Los símbolos en las calles nazificadas fueron eliminados, los nombres fueron cambiados por los de héroes de los Habsburgo. Las calles de Viena, reconstruidas después de los bombardeos, fueron purgadas de memoria, para evitar los rastros de la presencia de la humillación pública de los judíos después del Anschluss de 1938.

Quedaron pocos signos reveladores de todo el proceso, a excepción de los monumentales espacios del antiguo campo de concentración de Mauthausen y algunos memoriales erigidos por las comunidades judías a lo largo del país. Parece que, en parte debido a la confusión generada por la memoria oficial y en parte a causa del rechazo a enfrentarse con el pasado, los austriacos se han mostrado mucho más contenidos que los alemanes a la hora de hacer el trabajo memorial, igual que se han resistido a los intentos de forzar la memoria procedentes del exterior.

Como en el caso de la antigua República Federal alemana, las representaciones que aparecen en los memoriales austriacos se centraron, hasta mediados de los años 1980, en la persecución nazi y la resistencia llevada a cabo contra el Tercer Reich. Pero, poco a poco, comenzó a infiltrase en la conciencia pública la conexión de determinados grupos de víctimas que, hasta aquellos momentos, se habían mantenido en segundo plano e, incluso, en el olvido.

En algunos casos, como en el “Monumento contra la guerra y el fascismo” o el “Memorial por las víctimas de la tiranía nacionalsocialista” (en el antiguo cuartel general de la Gestapo vienesa) la conmemoración se ha centrado especialmente en las víctimas políticas o en los resistentes contra el régimen. No fue hasta una etapa posterior que comenzaron a aparecer los memoriales que recordaban a las víctimas “raciales” del Nacionalsocialismo, como en el caso del “Memorial de la Shoah” en la Judenplatz. Sin embargo, estos memoriales siempre han tenido un componente polémico, sobre todo cuando se ha intentado relacionarlos con otros aspectos referentes a la guerra.

En el caso austriaco podríamos preguntarnos porqué se tardaron tantos años para crear cualquier forma de monumento, y si fue un gesto para mantener su memoria histórica o un aspecto relacionado con la conciencia culpable.

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