topografía de memoriales y monumentos
memoriales y monumentos
Los memoriales en Alemania
   
Museo de la Marcha de la Muerte Below
Memorial del campo de concentración de Bergen-Belsen
Monumento por los judíos asesinados de Europa (Berlín)
Memorial del campo de concentración de Breitenau
Memorial del campo de concentración de Buchenwald
Memorial del campo de concentración de Dachau
Memorial del campo de concentración de Dora-Mittelbau
Memorial del campo de concentración de Drütte
Museo Memorial de la Prisión de la Gestapo EL-DE Hause
Memorial del parque en Falkensee
Memorial del campo de concentración de Flossenbürg
Memorial del campo de concentración de Fuhlsbüttel
Memorial de la Resistencia alemana
Memorial de Hadamar
Memorial del campo de concentración de Hinzert
Memorial del campo de concentración de Kaltenkirchen
Memorial del campo de concentración de Kochendorf
Memorial del campo de concentración de Ladelund
Memorial del campo de concentración de Leonberg
Centro documental del campo de concentración de Lieberose
Memorial del campo de concentración de Neuengamme
Memorial de Plötzensee
Memorial del campo de concentración de Ravensbrück
Centro documental del Congreso del Partido en Nürnberg
Memorial del campo de concentración Sachsenhausen
Memorial del campo de concentración de Sandhofen
Memorial del campo exterior de Braunschweig-Schillstrasse
Fundación Topografía del Terror
Museo y Memorial Haus der Wannsee-Konferenz
Erinnerungsort Topf & Söhne
Memorial de las víctimas de los asesinatos de “eutanasia” nacionalsocialista
Memorial a los Sinti y Roma asesinados bajo el Nazismo en Marzahn
Memorial a los Sinti y Roma de Europa asesinados bajo el Nacionalsocialismo
Memorial a los homosexuales perseguidos por el Nazismo
Denkmäler Kindertransport
Memorial Andén 17 – Berlín Grunewald
Gedenkstätte Grafeneck
   
   
volver
inicio
imprimir
   
 
 
 
 
 
 
 
 
Los memoriales y la conmemoración en Alemania


La progresión de la memoria cultural, tanto en la Alemania dividida como en la unificada, ha estado marcada, hasta el 60 aniversario de la liberación, por diversas fases políticas y sociales. Las dos dictaduras que vivió Alemania en el siglo XX tuvieron consecuencias de largo alcance, desatando acalorados debates públicos e induciendo a la sociedad a enfrentarse con su pasado. Producto de estos debates, los escenarios de los crímenes y la persecución se convirtieron en recintos de memoria y conmemoración.

Los primeros memoriales dedicados a las víctimas del Nacionalsocialismo fueron erigidos inmediatamente después de la guerra, tanto en la zona ocupada por las potencias occidentales como en la zona soviética. Fueron creados por antiguos presos que habían sobrevivido, por las familias de los que habían caído, como forma de recuerdo, o por las autoridades militares de ocupación, para testimoniar la enormidad del crimen cometido.

Con el establecimiento de los dos Estados alemanes, a finales de los años 1940, se comenzó a asimilar el tema de la conmemoración de la memoria de las víctimas del Nacionalsocialismo de forma muy diferente. En la Alemania oriental, los memoriales nacionales se centraban en la glorificación del movimiento de resistencia comunista, eliminando las distinciones entre los grupos de víctimas. En la Alemania occidental, durante tres décadas, la memoria de las víctimas estuvo sobredimensionada por la conmemoración de otros grupos, como los alemanes refugiados, las víctimas de los bombardeos y los soldados de la Wehrmacht, todos ellos considerados víctimas de la guerra.

En la República Federal de Alemania, el primer memorial por las víctimas del Nacionalsocialismo se inauguró en 1962, en el Palacio de Oberhausen. En mayo de 1965 fue inaugurado el memorial del campo de concentración de Dachau, y en 1966 el de Bergen-Belsen. Sin embargo, no fue hasta que un gran número de ciudadanos críticos se vieron involucrados en este movimiento, que fueron erigidos muchos memoriales, un proceso que comenzó a finales de los años 1970. El establecimiento de memoriales ha provocado un creciente interés en la investigación histórica y en los aspectos legales del Nacionalsocialismo. La historia social y local y su impacto en la vida regional también se han convertido en un foco de interés. Las representaciones históricas en los memoriales se centran principalmente en la persecución nacionalsocialista y la resistencia llevada a cabo contra el régimen nazi. Las conexiones entre el destino de las víctimas y determinados grupos, que habían sido olvidadas durante décadas, comenzó a entrar en la conciencia pública.

Los memoriales en la República Democrática de Alemania, por su parte, contribuyeron a la representación del Estado y su derrota del fascismo y el capitalismo. Los memoriales nacionales (Buchenwald, inaugurado en 1958, Ravensbrück, en 1959 y Sachsenhausen, en 1961) fueron establecidos como parte de la imagen oficial de la RDA, con la misión de crear una tradición para un nuevo Estado anti-fascista que, al mismo tiempo, legitimase su ataque a la Alemania occidental. La forma en la que debía ser representada la persecución, fue prescrita por las autoridades del Partido y del Estado, centrada principalmente en la lucha de resistencia anti-fascista.

En la RDA, las presentaciones históricas oficiales y las ceremonias de conmemoración que tenían lugar en los aniversarios de la liberación fueron utilizadas para honrar a los antiguos presos políticos, mientras que el resto de los grupos de víctimas y la conmemoración del Holocausto sólo jugaba un papel marginal en la memoria oficial. Sin embargo, se dieron algunos esfuerzos para cambiar esta situación. Por ejemplo, en la década de los años 1960 se instalaron algunos pequeños memoriales para conmemorar a las víctimas del Holocausto, aunque se trató de iniciativas muy limitadas.

El año 1989 provocó un gran cambio en las políticas memorialísticas de las dos Alemanias. Los memoriales nacionales de la antigua RDA fueron integrados en la política de memoriales de la República Federal, haciendo necesario revisar su contenido y conceptos estructurales. Además, se registró un creciente interés por este tema, y se tomó mayor conciencia sobre la contribución de este tipo de museos al despertar del espíritu democrático entre la sociedad. También se hacía necesario integrar los aspectos de la represión comunista como parte de esa memoria, porque algunos campos, como Buchenwald, tenían una historia como centros de represión contra enemigos del régimen comunista.

La tarea de estos memoriales cubre un amplio espectro. Son cementerios y centros de memoria individual y colectiva, así como centros de memoria sobre los perpetradores de los crímenes. Son documentos contemporáneos que expresan cómo se ha tratado la historia desde la guerra. Proporcionan información y educación política a la sociedad. Pero también son museos.

Actualmente, los memoriales son un componente esencial de la cultura política de Alemania. La conmemoración de las atrocidades nazis y del Holocausto se reconoce en estos centros, y está firmemente establecida como una responsabilidad nacional. Esta situación se demuestra en un gran número de ocasiones. En 1995, las ceremonias oficiales del 50 aniversario de la liberación tuvieron lugar en los memoriales de los antiguos campos de concentración. En 1996, el Presidente Federal, Roman Herzog, señaló el 27 de enero (aniversario de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz) como día nacional del recuerdo por las víctimas del Nacionalsocialismo. Numerosos actos fueron organizados para el 60 aniversario de la liberación, en 2005, y el mismo año fue inaugurado el Memorial del Holocausto, en Berlín. Esto no es más que un ejemplo de la situación que refleja la sociedad alemana en este sentido.

Pero también se realizaron intentos de minimizar la gravedad del Holocausto judío, mediante su comparación con otros crímenes contra la humanidad similares. Sin embargo, el foco internacional centrado en la culpa alemana, ha generado una tendencia a asumir que los países ocupados por Hitler no tuvieron la culpa de lo sucedido en sus territorios.

Todos estos acontecimientos son una muestra de la importancia que la cultura memorialística tiene en la sociedad y la política alemana. Señala los ánimos y métodos de enseñar el Holocausto en Alemania. Describe los memoriales del Holocausto, particularmente en los sitios de los antiguos campos de concentración, y las posibilidades que ofrecen para la educación a través de la preservación de los edificios originales y otros restos, las exposiciones en los museos, archivos, documentales, proyectos de historia local, reuniones con supervivientes y talleres y campos de trabajo (que a menudo incluyen el trabajo físico de mantenimiento de los memoriales). En contraste con la primera década de la RFA, en la que los libros de texto apenas mencionaban Auschwitz, la aparición del tema se ha convertido en la regla general.

Sin embargo, no estamos libres de problemas. Auschwitz es presentado desde la perspectiva del perpetrador, no de la víctima. Los textos se centran en el aspecto organizativo de los campos, no en los sufrimientos de las víctimas, y hay una tendencia a minimizar la presencia del genocidio. Algunos libros de texto intentan corregir este defecto y dan información de los jóvenes que estuvieron en Auschwitz, o incluyen preguntas invitando a los alumnos a investigar sobre lo que pasó durante el período nazi en su propia ciudad, por ejemplo, animándolos a identificarse con las víctimas.

Hasta 1960, el Holocausto apenas se discutía en los medios de comunicación o en las escuelas. A partir de ese momento, la instrucción sobre el período moderno de la historia alemana se convirtió en parte del currículum en todas las escuelas elementales y secundarias. Al principio, la publicación de libros de texto sobre el nazismo llevó a incidentes antisemitas. Desde entonces, se ha publicado mucho más material, pero el problema de la representación del Holocausto de forma comprensible para los jóvenes alemanes se mantiene.

Estos temas fueron llevados a la práctica con el plan para construir un memorial para los judíos de Europa asesinados, iniciado en 1988. El memorial fue muy controvertido y aparecieron temas como la decisión sobre el grupo de víctimas que debía ser conmemorado, por quién, porqué, y qué forma debía asumir. Aquellos que se oponían a un memorial exclusivamente judío no podían dejar de enfrentarse con el hecho de que el antisemitismo era un elemento central del programa nacionalsocialista aplicado por el Tercer Reich. Un memorial a las víctimas judías del Holocausto, actualmente y para el futuro, debería enfatizar sus objetivos educativos y buscar funcionar de forma que permitiese a los visitantes asumir, aunque fuese de forma distante, los horrores del pasado.

La controversia continuará plagando la memoria del Holocausto y el núcleo temático se mantendrá en si ese horror, que se centró en los judíos de una forma específica y particular, debería dictar los parámetros para futuros memoriales, y qué es lo que se debe memorializar: las pérdidas judías, las pérdidas alemanas o francesas, a quién se debe recordar, etc.

volver