Alemania: memoria dividida
Memoria dividida 1945-2005
Ambigüedad de la memoria alemana
RFA y la amnesia colectiva
Política de la memoria en la RDA
Problemas tras la unificación
Memoria de la ausencia
Algunas conclusiones
   
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  La memoria del Holocausto en Alemania: la memoria dividida, 1945-2005


La ambigüedad de la memoria alemana

La memorialización pública del Nacionalsocialismo y de la guerra comenzó en Alemania, como en cualquier otro país, con cada grupo o colectivo recordando sus propios destinos, sus propios sufrimientos.

Pocos días después de su liberación, los supervivientes de los campos de concentración de Dachau, Buchenwald y Bergen-Belsen comenzaron la construcción de memoriales improvisados en sus desmanteladas prisiones. Los soldados británicos, soviéticos y norteamericanos erigieron sus propios recordatorios por todos los campos de batalla, inscribiendo los nombres de sus camaradas caídos en combate. Rabinos, sacerdotes católicos y protestantes asumieron una importante parte simbólica en la conmemoración religiosa de sus respectivas comunidades. La memoria del terror a manos de los nazis constituyó y dio impulso, convirtiéndose en la auténtica razón de ser de comunistas, socialdemócratas y otros grupos de perseguidos políticos, cuyas ceremonias y conmemoraciones se convirtieron en parte del paisaje político después de la guerra.

La primera demostración conmemorativa antifascista en Alemania, organizada por una coalición municipal que representaba a todos los grupos de víctimas, acogió a más de 35.000 personas en el Werner-Seelenbinder-Arena de Neuköln, un barrio de Berlín, el 9 de septiembre de 1945. Los reunidos acudieron con motivaciones muy diversas: algunos recordaban a los amigos y familiares desaparecidos; otros expresaban su solidaridad con las víctimas; muchos para dejar clara su posición de rechazo del régimen anterior y su apoyo al nuevo orden; unos pocos para arrepentirse de su complicidad (o pasividad) con los crímenes. Probablemente, la mayoría estaba allí porque también se consideraban víctimas. Por tanto, la memoria alemana de este período comenzó con sus propios ciudadanos considerándose y recordándose a sí mismos como víctimas, incluso víctimas de sí mismos.

El historiador Alfred Grosser señala que no existe una única memoria alemana, sino diferentes memorias alemanas, muy diferentes. La memoria oficial, la generada por el poder político y que se expresa por medio de los textos escolares, las conmemoraciones oficiales, los medios de comunicación, etc., viene señalada por el hecho de que durante cuatro décadas se ha dividido en dos, cada una de ellas con una evolución más diferenciada a lo largo del tiempo y, en muchas ocasiones, enfrentadas entre sí (GROSSER, Alfred, Verbrechen und Erinnerung. Der Genozid im Gedächtnis der Völker, DTV Deutscher Taschenbuch, Munich, 1993). La diversidad de los sistemas políticos y económicos en la Alemania occidental y la oriental se ha traducido en un comportamiento diferenciado en la confrontación con el pasado y, como hemos señalado anteriormente, en una evolución propia de esos recuerdos.

Para las generaciones que vivieron el período nazi, rememorar el pasado significaba también tener que recordar su propia responsabilidad, cuestionarse en qué medida cada uno había contribuido, con su comportamiento individual, a hacer posibles los crímenes. Estas reflexiones sobre el problema de la responsabilidad individual y colectiva fueron frecuentes en el período de la inmediata posguerra. Por ejemplo, el filósofo Karl Jaspers constataba que entre la población alemana estaba muy difundida la tendencia a evitar cualquier discusión sobre estos problemas y a rechazar cualquier idea de culpa (JASPERS, Karl, Die Schuldfrage. Ein Beitrag zur deutschen Frage, Kulturschriftenreihe des Artemis-Verlages, Heft 11, Zürich 1946, pág. 79).

Pero esas voces permanecieron aisladas, mientras que se extendía, colectivamente, la necesidad de cerrar los ojos al pasado y evitar cualquier reflexión, una actitud promovida por los líderes políticos de las dos Alemanias, a pesar de la distinta orientación de ambos regímenes. Se intentaba así evitar la descomposición del mito de la comunidad renacida de la guerra. El hecho de que un número tan elevado de alemanes estuviera involucrado en los crímenes frenaba la reflexión, igual que ha dificultado a la sociedad alemana probar sentimientos de culpa ante los crímenes del pasado.

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