Alemania: memoria dividida
Memoria dividida 1945-2005
Ambigüedad de la memoria alemana
RFA y la amnesia colectiva
Política de la memoria en la RDA
Problemas tras la unificación
Memoria de la ausencia
Algunas conclusiones
   
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  La memoria del Holocausto en Alemania: la memoria dividida, 1945-2005


“Recuerdo es la palabra clave que conecta el pasado con el presente y el pasado con el futuro. Recordar significa la fe en la humanidad, en el sentido de un reto para la humanidad, para así darles sentido a nuestros humildes esfuerzos”
. Elie Wiesel

En alemán existen numerosas palabras que hacen referencia a los lugares testigos de la historia. Denkstätte, Denkmal y Mahnmal son las principales: las tres palabras tienen un sentido similar, que puede traducirse como “monumento”. Pero su significado es diferente, dependiendo del uso que se les de: “lugar de pensamiento”, “monumento”, “monumento conmemorativo”, respectivamente. La primera y la segunda sugieren un lugar para la meditación, la reflexión y el pensamiento; designan monumentos y memoriales que celebran hechos y personas que ocasionan orgullo y celebración. Mahnmal, por otra parte, está destinado a conmemorar el dolor, servir de advertencia y luto, reflejando la parte negativa de la historia. Desde la década de 1980, Alemania comenzó a tener numerosos sitios de este tipo en sus ciudades y pueblos, más que cualquier otro lugar del mundo.

Sin embargo, la memoria alemana del Nacionalsocialismo y del Tercer Reich no se ha limitado a su forma monumental, sino que se puede articular a partir de diferentes aspectos. Como la memoria jurídica que se ha desarrollado a partir de los procesos judiciales que se llevaron a cabo desde la posguerra; la memoria política que se desarrolló en la República Federal y la República Democrática entre 1949 y 1989, o los diferentes aspectos que ha asumido esa memoria dentro del sistema educativo alemán. En este caso, voy a centrarme en el aspecto relacionado con la restauración de las múltiples memorias de la Alemania occidental y la oriental, y su expresión en los monumentos históricos en que se han convertido los sitios de la memoria del Holocausto.

Aunque el objetivo inicial de este estudio había tenido la intención de descubrir las formas en que los diferentes países enmarcaban la conmemoración de la destrucción de la población judía en Europa, pronto quedó claro que la propia definición de “memorial del Holocausto” depende de su forma y localización: la forma de conmemoración y los memoriales de la Shoah varían de país en país, y según el régimen político imperante. Los términos “Holocausto” y “Shoah”, en referencia al genocidio nazi de los judíos europeos, ha encontrado un lugar establecido en los usos generales, desde las dos últimas décadas. Son empleados como términos específicos, aunque el segundo tenga un carácter más religioso, sin tener en cuenta el significado en el contexto respectivo de su uso. Al utilizarlos, debemos ser conscientes de que el uso de estos términos excluye otras partes del genocidio nazi y de sus políticas raciales, unos elementos que es indispensable examinar para mantener una comprensión general. Por tanto, es imposible definir una única memoria, porque cada grupo social o cada régimen político sugieren su propia definición, dependiendo de su propio contexto y del momento en que se produce. El núcleo de este proyecto asume que la memoria del Holocausto es tan plural como los cientos de formas diferentes que tienen los sitios, centros y medios que cada comunidad utiliza para recordar.

En el caso alemán se plantean cuestiones mucho más complejas: ¿cómo reflejar un pasado genocida como el nazi? ¿Cómo sostener un presente que está basado en el sufrimiento de la destrucción pasada? ¿Cómo redimir la catástrofe germano-judía? Estas cuestiones, a pesar del paso del tiempo, no han perdido ni un ápice de su importancia y urgencia. Por el contrario, en la actualidad, el interés por la memoria, tanto en los círculos académicos, políticos o ciudadanos, se ha convertido casi en una obsesión. Un término que hace unos años tenía muy poca resonancia pública ha entrado en los vocabularios cotidianos, reforzando los llamamientos de individuos, víctimas y grupos sociales a favor de diversas formas de reconocimiento, compensación y derechos. No se puede decir que los alemanes no tengan memoria del Holocausto o que esa memoria se centre en la negación: es evidente que incluso aquellos que quieren olvidar no “reprimen” el pasado. Porque el problema ya no es el olvido, sino la forma de recordar y las consecuencias que implican esas diferentes formas de recordar.

Alemania ha sido un lugar excepcional para la exploración del trabajo de la memoria histórica moderna. El Tercer Reich, el Holocausto y los siguientes 40 años de división en dos países con tan diferentes versiones de la historia del siglo XX, enfrenta a los académicos con problemas fundamentales relacionados con el recuerdo, el silencio y la negación. De hecho, el problema de explicación e historización de los extremos históricos del genocidio ha definido el tópico de la memoria en Alemania.

En este contexto, una memoria social debe ser considerada como una colección agregada de las memorias, a menudo opuestas entre sí, de los miembros de esa sociedad. Si las sociedades recuerdan, es sólo en tanto que sus instituciones y rituales organizados toman forma, inspirándose muchas veces en las memorias impuestas por sus dirigentes. Porque la memoria de una sociedad no puede existir fuera de aquella, de las personas a las que recuerda. No hablamos de una memoria colectiva, sino del significado colectivo que se da a esa memoria y que pasa de una generación a otra en nuestras tradiciones nacionales, rituales e instituciones. Se trata de un proceso de invención, apropiación y selección que lleva a cabo un grupo social determinado (una nación, una clase social, una familia, una comunidad religiosa, etc.), y que tiene una serie de interrelaciones de poder dentro de la sociedad que las acoge.

Cuando visitamos un memorial, en virtud de lo señalado anteriormente, nos convertimos en parte de su representación y de su explicación: en el momento que intentamos describirlos, los transformamos en textos literarios, a partir de representaciones gráficas y plásticas. Por eso, las evaluaciones críticas que hagamos y las conclusiones que extraigamos influyen en cómo los describiremos tanto a nosotros mismos como a nuestros lectores.

Los memoriales históricos, como lugares simbólicos han venido ocupando un lugar central en el discurso alemán de la memoria. Además de los planteamientos de las élites académicas, de los medios de comunicación y la forma de ocuparse de esa herencia en ámbitos políticos y legales, los “discursos locales” que se han desarrollado en gran número de círculos de estudio regionales son los generadores más importantes de interpretaciones simbólicas del Nacionalsocialismo en la sociedad alemana y su significado para la identidad nacional colectiva (ZIFONUN, D., “From burden to opportunity: remembering nazi crimes and constructing German collective identity in three places of memory”, en Working Paper Series núm. 5, 2003, The Canadian Centre for German and European Studies/Le Centre canadien d’études allemandes et européennes (CCGES/CCEAE), York University/Toronto, Université de Montréal.). A través de la confrontación concreta de cada población con su sitio histórico se han desarrollado formas de interpretación implícitas que son asumidas, popularizadas y realizadas políticamente en la esfera del discurso público. De este modo, el discurso local se ha convertido en uno de los principales impulsores de la memoria histórica.

¿Qué formas de memoria pueden observarse en Alemania? ¿Qué tienen en común, qué las distingue una de otra? ¿Qué efecto tienen éstas en la identidad colectiva de los alemanes? Este artículo intenta demostrar que el discurso de la memoria puede ser entendido como una reacción a la carga de la culpa por los crímenes cometidos bajo en Nacionalsocialismo y cómo esa culpa ha afectado al desarrollo político y social del conjunto de la comunidad.

El trabajo de la memoria consiste en la reconstrucción incesante de un pasado común a la luz del presente, atribuyéndole cada vez nuevos significados y contribuyendo a la construcción, también constante, de las identidades, sean individuales, sean colectivas de la sociedad que está inmersa en el recuerdo. La pérdida de la memoria significa también la pérdida de la identidad. Por eso, la memoria, como presencia del pasado, se convierte en el fundamento imprescindible para la formación de una identidad, tanto individual como colectiva. La memoria colectiva, compartida por un grupo social determinado, resume y reelabora la historia de este grupo en función del presente, seleccionando una serie de aspectos del pasado, destinados a ser recordados y transmitidos, y condenando otros al olvido. Pero no se trata de un proceso estático, sino que se transforma en función de las necesidades de la sociedad en la que se desarrolla.

En el caso alemán, el Holocausto y el Nacionalsocialismo no se convirtieron en una memoria personal, aunque la labor individual de recuerdo fue cubierta por la producción masiva de memoria, a través de una industria cultural que animaba a su “consumo”, y que comenzó a capturar la imaginación de todos aquellos que escuchaban la radio, miraban la televisión o iban al cine. Es decir, que el trabajo de la memoria alemán se convirtió, cada vez menos, en un acto privado e individual y quedó absorbida por el trabajo de la memoria colectiva constitutivo de una identidad nacional. Lo que se vivió en las últimas décadas del siglo XX fue la creación de una memoria pública, a través de rituales colectivos y representaciones de conmemoración (GEYER, M., HANSEN, M., “German-Jewish memory and national consciousness”, en HARTMAN, G.H. (edit.), Holocaust remembrance. The shapes of memory, Edit. Blackwell, Cambridge, 2002, págs. 175-190).

En cada sociedad existe una pluralidad de memorias grupales que coexisten y se enfrentan frecuentemente, provocando conflictos de recuerdo, porque cada una busca afirmarse frente a las otras, aspira a convertirse en la memoria dominante, incluso frente a la memoria “oficial” del Estado. La que se imponga será compartida por el número más grande de personas. Cada grupo recuerda aquellos aspectos que contribuyen a valorizar y consolidar su identidad, y deja en la sombra, condenándolos consciente o inconscientemente al olvido, aquellos que pueden provocar un prejuicio a esa identidad. Bruno Groppo considera que la historia y la memoria tienen en común el carácter selectivo y de reelaboración del pasado, aunque la historia tiene una pretensión más científica. Pero, como la memoria, reconstruye el pasado a la luz de las preocupaciones del presente (GROPPO, Bruno. “Memoria y olvido del pasado nazi en la Alemania de la segunda posguerra”, en Memoria. Revista mensual de política y cultura, núm. 164, octubre de 2002).

La memoria del Nacionalsocialismo en Alemania es un caso muy interesante, por una serie de razones que lo vuelven casi único. En primer lugar, por el carácter de ruptura radical y traumática que el nazismo representó en la historia alemana. En segundo, el hecho de que el régimen nazi cometió en nombre de Alemania y del pueblo alemán, unos crímenes especialmente monstruosos. Por eso, la sombra de Auschwitz y los campos de concentración se extiende sobre toda una parte de la historia y de la memoria de Alemania, y la memoria nazi se ha convertido en el recuerdo de sus crímenes. El problema de la memoria local, que tanto ha hecho para el desarrollo de la investigación histórica, es que se enfrenta al hecho de que el régimen nazi contó con el apoyo de una gran parte de la población alemana. Esta situación crea un problema político y moral de corresponsabilidad, ya que la responsabilidad por los crímenes no puede ser atribuida única y exclusivamente a un restringido grupo de jerarcas nazis, sino que se extiende a aquella parte de la población que apoyó al régimen.

Finalmente, la existencia de dos Alemanias, durante casi cuatro décadas, con características políticas y económicas tan diferenciadas, permite confrontar el funcionamiento de dos memorias colectivas muy diferentes, pero que hacen referencia al mismo pasado, para apreciar así las diversidades en que cada sociedad puede recordar una misma situación traumática.

Toda esta situación provoca que probablemente en ninguna sociedad sea tan espinosa la creación de un nuevo memorial como en Alemania, donde cualquier iniciativa es observada con lupa, tanto en su concepción memorialística como estética y artística. Por todo el país se llevan a cabo concursos de diseños para crear nuevos memoriales contra la guerra y el fascismo, para marcar un lugar de destrucción, una deportación, una sinagoga devastada, o para recordar a las comunidades judías desaparecidas. Sin embargo, se trata de procesos sometidos, por la presión social, a una honda preocupación auto-reflexiva, incluso paralizante: cada monumento es escrutado, explicado y debatido, tanto en los foros académicos como en los medios de comunicación. Las cuestiones artísticas, éticas, estéticas e históricas ocupan a los jurados de esos concursos de una forma tan intensa como no se conoce en otros países, hasta que se llega a un acuerdo establecido por todas las partes.

Este persistente trabajo memorial desplaza y, simultáneamente, constituye el objeto que impulsa el trabajo de la memoria porque, por un lado, lo obstaculiza y, por otro, lo impulsa a un movimiento constante, provocando un prolongado proceso de absorción en la sociedad relacionado, sobre todo, con el hecho de que el conflicto de la memoria permanece perpetuamente irresoluble. De hecho, los principales memoriales alemanes sobre la era fascista y sus víctimas no son simples memoriales, sino una forma de mantener vivo el debate, por otro lado sin resolver, sobre qué forma de memoria preservar, cómo hacerlo, en nombre de quién y con qué finalidad (Uno de los mejores ejemplos de esta situación ha sido el debate sobre el “Memorial por los Judíos de Europa asesinados”, construido en Berlín. CARRIER, Peter, Holocaust Monuments and National Memory Cultures in France and Germany Since 1989: The Origins and Political Function of the Vel d'Hiv in Paris and the Holocaust Monument in Berlin, Berghahn Books, Oxford, 2006. HOHMUTH, Jürgen, SCHLÖR, Joachim, Denkmal für die ermordeten Juden Europas, Prestel Verlag, Munich, 2005. LEGGEWIE, Claus, MEYER, Erik, Ein Ort, an den man gerne geht, Hauser Vlg., Munich, 2005. QUACK, Sibylle, Auf dem Weg zur Realisierung. Das Denkmal für die ermordeten Juden Europas und der Ort der Information. Architektur und historische Konzept, DVA, Munich, 2002).

Tampoco debe sorprendernos la ambigüedad de la memoria alemana. Después de todo, mientras los victoriosos de la historia han erigido memoriales a sus triunfos y las víctimas los han erigido a su sufrimiento, pocas veces una nación ha tenido que enfrentarse al hecho de erigir memoriales a las víctimas de sus propios crímenes. Ha sido una nación a la que, en cierto modo, se ha obligado a recordar el sufrimiento y la devastación que causó en nombre de su pueblo. Pero, ¿cómo puede un Estado incorporar sus crímenes contra otros en su memoria nacional? ¿Cómo recordar a las víctimas, desde el punto de vista de los perpetradores?

La lucha de Alemania con la memoria de su pasado nazi está reflejada en casi todos los aspectos de su sentimiento nacional: desde las deliberaciones sobre el retorno del gobierno a Berlín hasta su ambivalencia sobre la persecución de los criminales nazis; desde el meticuloso proyecto de los museos en los antiguos sitios de los campos de concentración hasta una nueva generación de artistas que repudian las formas monumentales de esos memoriales, aún relacionadas con el arte nazi o de la dictadura comunista. Incluso la búsqueda de un “día nacional” de recuerdo de las víctimas, un día que intente unificar a los alemanes en la reflexión memorialística de su pasado, provocó más miedo que orgullo (YOUNG, James E., The texture of memory: Holocaust memorials and meaning, Yale University Press, Londres, 1993).

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