literatura y Holocausto: el dilema de escribir sobre el Holocausto    

Jorge Semprún
"El largo viaje", "Viviré con su nombre, morirá con el mío", "La escritura o la vida"



Biografía

Jorge Semprún nació en Madrid, en 1923. En 1939, al final de la guerra civil española, su familia se trasladó a París, donde inició sus estudios universitarios. Después de la ocupación alemana, se unió a la Resistencia francesa y, capturado por la Gestapo, fue enviado al campo de concentración de Buchenwald, donde permaneció prisionero hasta 1945.

Tras su liberación, ya afiliado al Partido Comunista de España en el exilio, se entregó a una intensa actividad clandestina. En noviembre de 1964 fue expulsado del Partido. Y es también el momento en el que comienza su carrera literaria, una actividad que lo ha situado entre los autores memorialísticos más leídos de los últimos años. Esta labor ha merecido un amplísimo reconocimiento a nivel internacional.

No dejó nunca de lado la política, siempre muy presente en toda su obra. En 1988 se unió al gobierno socialista de Felipe González, como Ministro de Cultura, puesto que ocupó hasta 1991.


Obra


Tras la liberación de Buchenwald, en 1945, Semprún se vio en la disyuntiva de escoger entre contar o vivir, entre la escritura o la vida. Durante casi veinte años, fue madurando sus experiencias en los campos de concentración, para encontrar una forma de explicar lo inexplicable. No fue hasta mucho después de esta traumática experiencia que Semprún decidió afrontar la experiencia de forma directa y en profundidad.

La vida y la obra de Jorge Semprún están íntimamente relacionadas, porque sus novelas son en gran medida autobiográficas y constituyen una reflexión profunda sobre los hechos históricos más relevantes del siglo XX. Entre estos hechos tuvo gran importancia, tanto personal como históricamente, su detención por la Gestapo en Francia y su confinamiento en el campo de Buchenwald.

De ese cautiverio emergen algunas de sus obras sobre el tema concentratario: “La escritura o la vida”, “El largo viaje” y “Viviré con su nombre, morirá con el mío”.

En 1963 publicó “El largo viaje” en Francia, como una forma de describir el largo camino hacia el horror del sistema concentracionario, a partir de sus experiencias. En 1943, en un angosto vagón de mercancías precintado, ciento veinte deportados cruzan Francia camino del campo de concentración. Es un viaje vejatorio por sus características: claustrofóbico, hacinamiento, suciedad, agotamiento. Se pierde la cuenta de los días que llevan allí, y ni siquiera se sabe cuándo o dónde acabará el viaje. A pesar de todo, a veces una simple palabra pronunciada por un compañero despierta los recuerdos, lo único que aún queda.

Mediante esos saltos al pasado y al futuro de la liberación, Semprún traza los itinerarios de esas vidas atrapadas, algunas de ellas truncadas para siempre por la muerte, por el torbellino fatal de la historia del internamiento.

Frente a la experiencia concentracionaria, la razón más sólida para no suicidarse fue la idea de no doblegarse, con el conocimiento de que la mayoría de los que se suicidaron lo hicieron ante la imposibilidad de vivir con la memoria. El suicidio de Primo Levi le impulsará a escribir “Viviré con su nombre, morirá con el mío”. Buchenwald pasará constantemente por la esencia de su trabajo literario, porque será un episodio obsesivo al que el autor volverá de forma compulsiva. En todos sus libros se mezclan, inevitablemente, las voces del pasado y del presente (en ocasiones incluso del futuro).

La obra “Viviré con su nombre, morirá con el mío”, versa sobre su estancia en el campo de Buchenwald, en 1944. La novela es una magnífica descripción del universo concentracionario, aunque no carga excesivamente sobre el tema de las crueldades del campo, algo que algunos críticos le han reprochado. Las duras condiciones de trabajo no se ocultan, ni la mortalidad, ni el hambre, ni las enfermedades; pero tampoco oculta los momentos de esparcimiento, las válvulas de escape que aliviaban algunos momentos.

Su obra es un eficaz remedio contra la amnesia, porque se convierte en una memoria exhaustiva del siglo XX, un período repleto de acontecimientos terribles que, a pesar de todo, han dejado algún lugar para la nostalgia.

“[En Buchenwald] se arriesgaba todo en cada momento. Todo, porque no sabías nunca cuál iba a ser no sólo el mañana sino el más allá de unas horas después, porque siempre podía ocurrir algo: o de flaqueza personal, que de derrumbase, o el accidente de tropezar con un guardián de la SS borracho, dispuesto a ejercer su sadismo ese día contigo, contra ti. (…) Eso siempre va mezclado con su contrario: de repente un cielo azul, o una chica que pasa a lo lejos, o una conversación con un amigo, o dos frases de un libro, cosas que antes tenían su importancia, pero relativizada y ahora tienen un valor absoluto, una belleza absoluta”.

Como testigo privilegiado del universo concentracionario, Semprún considera que lo más terrible es la privación de la libertad y las miserias que esta privación conlleva. Pero considera que no debe cebarse en el resto de los aspectos del confinamiento: para qué mencionar el consabido listado de horrores del campo.

El texto se halla continuamente interrumpido por reflexiones personales que saltan del pasado al futuro, reflexiones que recuerdan los detalles del oficio de escritor o reconstruyen algún episodio autobiográfico.
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