literatura y Holocausto: el dilema de escribir sobre el Holocausto    

Robert Antelme
"La especie humana"



Biografía

Nacido en Córcega en 1917, fue una singular figura del mundo intelectual francés, tentado siempre por la literatura y la política. Al estallar la guerra entró en la Resistencia contra la ocupación alemana, como militante comunista, en el grupo que dirigía clandestinamente François Mitterrand. También se casó con la escritora Marguerite Duras, de la que se divorció en 1947. Trabajó en el Ministerio de Información del gobierno colaboracionista de Vichy, al mismo tiempo que se integraba en la Resistencia. Detenido por la Gestapo, en 1944, junto a otros miembros del grupo, entre ellos su hermana Marie Louise (que murió en el campo de Ravensbrück), estuvo internado en varios campos de concentración (Dachau, Buchenwald y Gandersheim). De este último fue liberado al final de la guerra.

Al volver a Francia, comenzó a escribir su memoria de ese período en el infierno. Desde su primera aparición, el libro fue recibido por la crítica como una obra de gran importancia.

Tras la publicación de su obra, la influencia de Antelme no dejará de crecer hasta el día de su muerte, en 1990. En 1985, Marguerite Duras publicó El Dolor, que narra la espera y la búsqueda de información para conocer el destino de su esposo.


Obra


La especie humana, publicada en España en 2001, narra la experiencia personal de Antelme en los campos de concentración nazis. Este relato, de un “horror peor que la muerte” es un testimonio de lo que significa la destrucción y la supervivencia del hombre. Es el testimonio de la estremecedora historia de un superviviente de los campos de concentración nazis. Antelme regresó de entre los muertos y nos cuenta sus experiencias, gracias a su testimonio autobiográfico, donde se refleja la experiencia personal en los campos, en los que no había sólo judíos, sino todo tipo de personas a la que se encarcelaba por diferentes motivos.

Esta obra, mezcla de autobiografía y ensayo es la crónica de un militante de la resistencia francesa y de su estancia en los campos de concentración. Pero también es una de las más profundas reflexiones sobre la barbarie y la opresión. El libro, publicado en 1947, se reeditó en 1957, momento en que se produjo su descubrimiento.

Antelme muestra que la historia ha creado un nuevo género de seres humanos, que internan a los “enemigos” en un campo de concentración. Pero su obra no es una reconstrucción de sus experiencias en el infierno, sino una narración de la miseria que es horror por su reiterado devenir.

Es un relato que transcurre en dos planos paralelos: el de la miseria, el frío, el cansancio, el hambre, la suciedad, la enfermedad y la muerte; y en un plano moral, el de la insistencia por erradicar lo humano del hombre, de ese “enemigo”. Y están aquellos en los que se consigue ese objetivo, los “musulmanes”, que han dejado de luchar, a los que todos dan la espalda, que no tiene un espacio en su conciencia para reconocer el bien o el mal, el que ha dejado de luchar.

La gran importancia de este libro es el testimonio verdadero de cómo luchar y cómo poder resistir en el horror. Antelme recoge cuidadosamente todo lo humano, la identidad de aquello que no puede perderse: “La diversidad de las relaciones entre los hombres, su color, sus hábitos, su repartición en clases, ocultan una realidad que aquí resulta manifiesta, en el punto extremo de la naturaleza, cerca ya de nuestros límites: no hay especies humanas, hay una especie humana”.

Un libro como este tiene importancia por lo que Auschwitz representa en la historia de la humanidad: la enorme vulnerabilidad del ser humano y de la propia humanidad. La moral de los vencidos tiene un papel que cumplir en la historia, y es demostrar el empobrecimiento moral de la sociedad. Es imprescindible el testimonio de este gran escritor, porque Antelme comprendió que no bastaba con dar testimonio. Los hombres y mujeres que acababan de vivir la experiencia de los campos no podían ser creídos ni comprendidos si no inventaban un lenguaje para expresar lo inexpresable. Por eso escribió un libro duro, seco, desnudo y preciso, al mismo tiempo que extraordinariamente sereno, de una gran lucidez
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