memoriales como centros educativos    
La cooperación internacional en la educación del Holocausto


En Alemania, el establecimiento de cooperaciones internacionales para impartir el conocimiento sobre el Holocausto es considerado un reconocimiento significativo de los esfuerzos para convertir la enseñanza del Holocausto en un punto principal del trabajo educativo en las líneas de actuación de la educación, sobre el trabajo juvenil, la educación adulta, la enseñanza sobre los memoriales y la investigación educativa.

La impartición del conocimiento sobre el Holocausto es un tema que cada país debe asumir de una forma particular, porque hace referencia a sus propias vivencias, a su propia historia. Francia, Holanda o Polonia, países ocupados por Alemania, Israel, el país construido por los supervivientes del Holocausto, y Alemania, el país donde se inició el Holocausto y que actualmente asume su responsabilidad, inevitablemente deben asumir esta cuestión de forma diferente de países que estuvieron poco o indirectamente relacionados con esos hechos, como los Estados Unidos.

En Alemania, se enfrentan al reto de enseñar a los más jóvenes sobre unos crímenes en los que sus antecesores fueron perpetradores u observadores pasivos. Por eso, el Holocausto hace nacer cuestiones que son cruciales para cada civilización y cada cultura. Una tarea importante para todos nosotros, actualmente, es encontrar respuestas a esas cuestiones y establecer conclusiones adecuadas.

Las diferentes situaciones de los países que se acercan al tema de la educación del Holocausto son razones suficientes para una cooperación internacional provechosa. Es importante idear programas para jóvenes de diferentes países que, al encontrarse con otros, tengan la oportunidad de intercambiar sus diversos puntos de vista e intentar llegar a conclusiones conjuntas sobre sus experiencias nacionales. Si la educación el Holocausto es vista como una tarea auténticamente internacional, debemos aprender unos de otros, y unos con otros.

En la iniciativa para la enseñanza del Holocausto hay grandes oportunidades, desde el punto de vista internacional. Esa cooperación debe animarnos a complementar los programas nacionales y añadirles aspectos que sólo pueden apreciarse desde países con puntos de vista completamente diferentes.

Aún se debe hacer una gran parte de este trabajo en Alemania. Por ejemplo, en el desarrollo de los nuevos textos escolares, en cooperación con expertos de Israel y Polonia. Los hechos que siguieron al Holocausto, en particular las relaciones germano-israelíes como conjunto, también deben ser presentadas de forma adecuada. El ánimo de estas tareas es hacer posible para los niños y jóvenes de hoy, en ambos países, que tengan el mismo conocimiento sin prejuicios sobre el Holocausto, así como sobre otros aspectos de su historia común.

Cuando nos ocupamos de la enseñanza del Holocausto, también debemos preguntarnos qué queremos lograr entre la población actual, que está viviendo más de sesenta años después de los crímenes y que, a menudo, están más interesados en otros aspectos de su vida cotidiana.

La enseñanza del Holocausto no es una cuestión de descubrir los hechos. Es una cuestión de impartir a la población conocimientos más profundos de un crimen planeado a nivel estatal, que pocos profesores son capaces de entender adecuadamente. También es una cuestión de introducirla en la experiencia personal de los estudiantes. La educación sobre el Holocausto es inefectiva a menos que los profesores logren retratar el lado más profundamente emocional del Holocausto, así como los sentimientos injustificables y espantosos de sufrimiento de millones de victimas.

Existe un elemento común en todos estos ejemplos de trabajo conjunto y colaboración: entrelazan el retrato del área local, de la fijación de la ciudad o área en la que los jóvenes han crecido con la imagen de los hechos negativos que sucedieron en esa zona. Muchas personas que de otra forma mostrarían muy poco interés en el Holocausto sufren conflictos cuando comprenden que tales crímenes no tuvieron lugar en zonas lejanas, sino en su propia ciudad, en su calle o, incluso, en su propio edificio.

En Berlín, por ejemplo, los escolares han puesto los nombres de los ciudadanos judíos asesinados en las casas en las que una vez vivieron. Esto es tanto educación como recuerdo y conmemoración. Y también muestra que la vida y la cultura judía no estaban fuera de lugar en Alemania, como el Nacionalsocialismo mantuvo y se empeñó en hacer creer a la sociedad, sino que era una parte integral de la historia y la cultura alemana. Pero, al mismo tiempo, un mundo cultural autónomo, al que Alemania le debe mucho.

La educación del Holocausto tiene también una dimensión tópica. Los niños y los jóvenes deben enfrentarse responsablemente con la libertad, aprender a ser tolerantes, a tener una actitud pacífica hacia otras personas y respetar a los demás en un espíritu de comprensión internacional.

La base de toda la educación sobre el Holocausto es la existencia de materiales científicamente contrastados y de alta calidad. En Alemania, la gran cantidad de documentación y material educativo está expandiéndose constantemente, utilizando también nuevas formas de comunicación, como Internet. Los descubrimientos realizados por proyectos de investigación extensos, llevados a cabo por universidades, institutos y otros centros de investigación en Alemania, influyen en el desarrollo posterior del currículum escolar, directamente a través del aprendizaje de los profesores.
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